Rania confiesa que viste de prestado

A Isabel II, reina de Inglaterra, se le atribuye una frase definitoria: “No somos celebridades, no somos millonarios, nosotros somos la realeza”. Es decir no se les puede incluir en el grupo de las personas muy famosas, ni tampoco entre los que adquieren notoriedad en función de su riqueza. No, la realeza es otra cosa y, sin embargo, a las mujeres de las nuevas generaciones, reinas y princesas, a menudo se las compara y se las incluye en la liga de las celebridades quizá por su empeño en vestir como tales.

Ni Isabel II, ni tampoco la reina Sofía, ni Beatriz de Holanda o Margarita de Dinamarca, se han preocupado de vestir las últimas tendencias, ni han hecho de sus armarios un almacén de modelos escogidos entre las firmas que marcan la moda. Pero la realeza nunca ha estado más de moda que ahora y no precisamente por sus funciones, sino por su imagen. Reinas y princesas más jóvenes, auténticas fashion victims, han acabado por parecer, en algunos casos, actrices en la alfombra roja y, tanto ha ido el cántaro a la fuente que, al final, se ha roto. La reina Rania de Jordania se ha visto obligada a dar explicaciones sobre su elección de vestuario para hacer frente a las críticas pero sobre todo para guardarse de las publicaciones que, con la excusa de elogiar su belleza y elegancia, acaban socavando su prestigio al dar exacta cuenta de las firmas que usa, de cuánto valen los modelitos y de todas veces que estrena.









El comunicado no tiene desperdicio. Asegura que Rania “busca representar adecuadamente a Jordania, así que trata de encontrar un equilibrio entre la correcta representación y el gasto moderado”, pero lo mejor es que para defenderse de la cantidad en la que se cifra su gasto en vestuarios, basada en el cálculo del precio de venta de la ropa, se admite algo aún más escandaloso: “Muchas de las prendas que luce son prestadas por casas de moda, regaladas o compradas a precios reducidos.”. Pero, ¿qué me estás contando?. Una reina no puede admitir ese tipo de regalos que comprometen sus funciones, ni ir de prestado como si fuera Nicole Kidman o Penélope Cruz en los Globos de Oro, vestidas por las grandes firmas a cambio de hacer publicidad. Rania ha reconocido una verdad que comparten otras reinas y princesas y que, tarde o temprano, deberá ser desvelada. Un gran dilema: o se sufren las críticas por gastar una millonada en ropa o se admite que casi todo sale gratis. La solución, como siempre, la tiene Isabel II, nada de firmas comerciales: una modista anónima y punto.

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