Los prisioneros de guerra que lograron una hazaña increíble sobre el Atlántico

Fue una hazaña increíble, una aventura que llegó a buen puerto de milagro. Ni en el momento del aterrizaje los pilotos las tuvieron todas consigo. El avión quedó totalmente destrozado tras tomar tierra, aunque los valientes John Alcock y Arthur Brown lograron salir ilesos. Eran las primeras personas que cruzaban el Atlántico sin escalas y de eso hace ya 100 años.

El vuelo empezó en Terranova y tras 16 largas horas en condiciones terribles llegó a Clifden, en el condado irlandés de Galway. El capitán Alcock, nacido en Manchester, y el teniente Brown, de Glasgow, habían logrado un hito histórico que no fue superado hasta ocho años después, cuando el ingeniero estadounidense Charles Lindbergh se convirtió en el primer hombre en volar desde América del Norte hasta el continente europeo.









Los dos veteranos de la Primera Guerra Mundial no alcanzaron Francia. Se quedaron cerca. De América del Norte a Irlanda a los mandos de un bombardero bimotor Vickers Vimy IV que también participó en la Gran Guerra (1914-1918). Precisamente fue ese conflicto armado el que marcó esta proeza.

Porque, de hecho, todo comenzó en abril de 1913, cuando el periódico Daily Mail ofreció 10.000 libras (el equivalente a un millón de hoy en día) al “aviador que cruce en primer lugar el Atlántico en un aeroplano volando desde algún punto de Estados Unidos, Canadá o Terranova hasta algún punto de Gran Bretaña o Irlanda en un máximo de 72 horas consecutivas”.

Arthut Brown y John Alcock
Arthut Brown y John Alcock
(Wikipedia)



El conflicto armado que asoló Europa frenó la iniciativa hasta que se firmó el armisticio. Apenas ocho meses después de este hecho, Alcock y Brown se disponían a sobrevolar el océano. Era el 14 de junio de 1919. Ambos lucharon contra la congelación debido a las condiciones climáticas adversas, lo que los llevó a admitir que el vuelo fue “terrible” a pesar de su éxito.









Su aparato de radio, por poner solo un ejemplo, se rompió pocas horas después de iniciar su extraordinario vuelo. Si se hubieran estrellado en el mar, nunca habrían podido contactar con absolutamente nadie para informar de su posición o solicitar ayuda. Sin radio estaban solos, completamente solos.


Su aparato de radio se rompió pocas horas después de iniciar su vuelo y se quedaron absolutamente solos

El día siguiente, el 15 de junio, alrededor de las nueve de la mañana, la nariz del rudimentario avión que pilotaban acabó enterrada en un pantano situado en el oeste de Irlanda. La aeronave comenzó a hundirse y el motor se detuvo repentinamente. La cola se levanto en el aire y la cabina se llenó de combustible. Aún aturdidos, los dos héroes británicos agarraron lo que pudieron y salieron rápidamente.

Su valentía se vio recompensada. Ambos recibieron el título de caballero otorgado por el Rey George V tras una hazaña realizada mientras sus compatriotas todavía lidiaban con la devastación de la Primera Guerra Mundial. El mundo necesitaba nuevos horizontes tras el conflicto y la epidemia de gripe que le siguió (la ‘gripe española’ mató a 40 millones de personas en todo el mundo).

La nariz del avión Vickers Vimy acabó enterrada en un pantano de Irlanda
La nariz del avión Vickers Vimy acabó enterrada en un pantano de Irlanda
(Wikipedia)












El desarrollo de la aviación proporcionó avances extraordinarios. En un periodo de apenas diez años, por poner un ejemplo, aquellas aeronaves que apenas podían cruzar el Canal de la Mancha ya eran capaces de volar distancias de hasta 1.900 millas (más de tres mil kilómetros) a través del Océano Atlántico.

El entonces Secretario de Estado para la Guerra y el futuro Primer Ministro, Winston Churchill, fue el encargado de entregar a los dos aventureros el premio en efectivo ofrecido por el propietario del Daily Mail, Lord Rothermere. El avión, a pesar de tener un diseño bastante poco sofisticado, permaneció en servicio hasta 1938.


Winston Churchill fue el encargado de entregar a los dos aventureros el premio de 10.000 libras del ‘Daily Mail’

Alcock y Brown abrieron un caminó que siguió, apenas un mes después, el dirigible R-34, que realizó el primer cruce de ida y vuelta sobre el Atlántico. Incluso fueron la inspiración del propio Charles Lindbergh, que nada más aterrizar en Le Bourget (París) reconoció que los aviadores británicos le habían “mostrado el camino”.

Dicen las malas lenguas que el termo de café que llevaban los dos pilotos británicos iba cargado de whiskey, lo que acabaría siendo una ayuda para superar las frías temperaturas de los cielos oceánicos durante las 16 horas y 28 minutos que duró exactamente su hazaña con un avión llegó a la pista de salida arrastrado por un caballo y un carro.









Una reproducción del Vickers Vimy IV, expuesto en el Museo de Londres
Una reproducción del Vickers Vimy IV, expuesto en el Museo de Londres
(Wikipedia)



“Apenas vimos el sol o la luna o las estrellas. Durante horas no vimos nada. La niebla era muy densa, y en ocasiones tuvimos que descender hasta 300 pies (91 metros) del mar”, explicaban los pilotos tras su aventura. En un momento dado, estuvieron a menos de 20 pies (seis metros) sobre el océano. Durante cuatro horas, el aeroplano quedó cubierto por una capa de hielo causada por aguanieve congelada. Incluso el indicador de velocidad dejó de funcionar momentáneamente.

Por suerte, los vientos fueron favorables en todo momento: en sentido noroeste y, algunas veces, suroeste. Nadie pensaba que iban a conseguir llegar en apenas 16 horas. Ni los propios aviadores. Noventa minutos antes de aterrizar, no tenían ni idea de dónde estaban.”Cuando vimos las islas de Eeshal y Turbot fue genial. Tomamos café y cerveza y comimos sándwiches y chocolate”, admitían.


Noventa minutos antes de aterrizar, Alcock y Brown no tenían ni idea de dónde estaban










Alcock aprovechó los 14 meses como prisionero de guerra en Turquía tras ser derribado para idear sus planes transatlánticos (Arthur Whitten Brown también fue abatido y le hicieron prisionero, aunque en su caso fue en Alemania). Poco después de conseguir su gran éxito, sin embargo, la vida del capitán terminó abruptamente.

El 19 de diciembre de 1919, mientras volaba en un nuevo avión anfibio de Vikers, el Viking Tipo 54, la intensa niebla provocó que se estrellara tras tocar un árbol en la zona de Ruan, capital de la región de Normandía. El héroe del Atlántico murió a los 27 años de edad.


Alcock murió el 19 de diciembre de 1919, cuando se estrelló con un avión después de chocar con un árbol










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