El delirio de Catalunya

Un psiquiatra hablaba el otro día por la radio sobre las angustias de la gente, y me hizo pensar en la situación de Catalunya. Decía este médico que hay angustias buenas y angustias malas. Las buenas resultan estimulantes y generan solidaridad. Las malas, en cambio, te pueden hacer volver loco, eso si es que antes no has caído en un abismo.

Uno de los síntomas de la angustia mala, añadía, es que no consigues conciliar el sueño: ya puedes contar una, diez, trescientas ovejas o imaginarte haciendo lentamente el amor con Brad Pitt bajo la luna que sólo lograrás dormir con un Orfidal. Y ocurre con los orfidales que te acostumbras y te enganchas y ya no te basta medio y te tomas uno entero, o dos, y sólo quieres tirarte en el sofá todo el día, y así es como empieza tu inexorable mutación en Hommer Simpson.

Terrible.

No sé a usted, lector, pero es oír hablar al presidente Torra y me angustio. Antes de acostarme, cuando pienso en él, un extraño reflujo escala desde mi estómago, poco a poco, se instala en los pulmones, sensación de ahogo, uf, y después sale (o no) a toda presión por alguno de los agujeros superiores, sea de la nariz o de las orejas.

Según el psiquiatra de la radio, el cuerpo nos habla y además lleva la cuenta.

–¿ La cuenta de qué?, le pregunta el conductor del programa.

– De lo que nos ha traumatizado y que permanece dentro como una memoria implícita, inconsciente y que reacciona por familiaridad con la vivencia actual.

Vaya, ahora lo entiendo. Acaban de cumplirse dos años de todo aquello y que no hace falta que escriba aquí, que provocó tantas angustias, tantos miedos, tanto mal rollo, lo que todos ya conocemos, hasta el hartazgo, porque no hemos dejado de hablar de otra cosa desde entonces, como si no hubiera más problemas que discutir y resolver.

Si algo tenemos en común independentistas y no independentistas es que no queremos que se convoque aquella angustia mala, ni que se repitan los errores de cálculo, ni los cuentos de hadas, ni las mentiras. Ni queremos que nadie con un sueldo que pagamos entre todos, le hayamos votado o no, desde una institución vuelva a engañar porque los engaños generan una grandísima desorientación entre la gente y mucho, mucho cabreo.

Cuidado con el lenguaje, también dispara la angustia. Tsunami democrático, Ho tornarem (¿qué exactamente?), Hong Kong (ahora ni Canadá, ni Escocia, ni Eslovenia), segar las cadenas, desobediencia civil, confrontación… Todas estas palabras forman parte de un diccionario que, de venderse por fascículos en el quiosco, tendría que venir con un Orfidal de regalo.

La legitimidad democrática no se gana por imposición de unos sobre los otros. Tampoco se obtiene de la calle.


La angustia mala es muy perjudicial para la salud: habría que pedir al president Torra que no la convoque

Hay quien piensa a Torra le falta coraje, que no ha firmado ni un papel que le comprometa a nada, que no ha tomado ni una sola medida que le reporte un disgusto judicial serio, que todo es blablablá. Quién sabe. ¡Quien sabe qué hará! Quien sabe qué le hará hacer a la gente si los mueve al delirio.

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