El nuevo Gobierno italiano busca enfriar el debate migratorio

Los puertos están cerrados, repatriación urgente, las oenegés son cómplices de los traficantes, primero los italianos. Las máquinas del nuevo Gobierno de Giuseppe Conte ya empiezan a rodar, pero la herida de la propaganda ultraderechista de Matteo Salvini sobre la migración sigue muy abierta en Italia. El desafío más importante que deberá afrontar el nuevo Ejecutivo del Movimiento 5 Estrellas y el Partido Demócrata será enfriar el debate migratorio en uno de los países que más ha sufrido la crisis en el Mediterráneo estos últimos años. Se trata de una misión muy delicada que podría llegar a romperles, porque al fin y al cabo, los grillini aprobaron las restrictivas medidas de la Liga, y un sector de sus parlamentarios las secundan a conciencia.









Pese a que todavía no ha habido tiempo para establecer líneas de procedimiento, hay algunas pautas que parecen claras. El objetivo inmediato de Conte será enfriar la cuestión migratoria para que la opinión pública italiana deje de percibir que cerrar las fronteras marítimas es uno de los principales problemas del país. Esta era una de las reclamaciones del presidente de la República, Sergio Mattarella, a la hora de pedir un nuevo ministro del Interior más institucional y menos político para esta cartera tan sensible, y la razón por la que eligieron a la técnica Luciana Lamorgese, una funcionaria de carrera que no da entrevistas ni tiene redes sociales, para el puesto. En la resaca de la marea ultraderechista, grillini y socialdemócratas se han dado cuenta que la propaganda ayuda en las redes sociales y en las campañas electorales, pero no hace funcionar un Gobierno. Quieren que la migración deje de recibir la atención mediática desproporcionada que ha tenido hasta el momento.


El equilibrio de Conte

Lo más urgente será revisar los decretos de Salvini para acabar con las multas a las oenegés

Una vez relajada la cuestión, hay varios frentes en los que el Ejecutivo italiano deberá actuar al respecto. El más urgente es la revisión de los polémicos decretos de seguridad que aprobó Salvini cuando era ministro del Interior, destinados sobre todo a complicar el trabajo de las oenegés que trabajan en el Mediterráneo. Conte ha asegurado que el criterio que seguirán para estos cambios estará basado en las recomendaciones que hizo el presidente Mattarella, algo que resulta muy ambiguo. “Al final, podrán modificar muy poco estos decretos”, analiza la periodista de la revista Internazionale Annalisa Camilli, una de las que más ha seguido la cuestión estos últimos años, que señala que para los grillini sería muy difícil de justificar un cambio de posición radical ante su electorado. “Está claro que las multas a las oenegés serán eliminadas. Otro modo que pueden intentar es convertirlos en ineficaces sin eliminarlos, algo muy democristiano, y Conte parece muy democristiano”, agrega. En la práctica, significaría hacer malabares administrativos para no tener que recurrir a estas leyes. Por ejemplo, que los ministros competentes no firmen la prohibición de entrar en aguas italianas, un paso necesario para el cierre de fronteras.









El segundo frente abierto será cómo actuar una vez se produzca el desembarco. El caso del Ocean Viking, de SOS Méditerranée y Médicos Sin Fronteras podría ser un ejemplo. El Gobierno italiano ha anunciado que los 82 migrantes a bordo serán reubicados a otros países de la UE. Según Camilli, en los próximos meses Conte buscará convencer a la opinión pública que la nueva dimensión europeísta de Italia –que ha logrado obtener un puesto importante como el de Paolo Gentiloni, nuevo comisario de Asuntos Económicos de la UE– les ayudará en la redistribución. Previsiblemente los barcos humanitarios ya no tendrán que pasar semanas en el mar e Italia les reabrirá sus puertos, pero siempre y cuando Europa colabore en la repartición. “Hay la conciencia que el mecanismo europeo de redistribución debe funcionar de manera automática y no como ha sido hasta ahora”, aseguró Conte esta semana en Bruselas tras encontrarse con la nueva presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen. El premier baraja la idea de cuotas automáticas entre una serie de países que se propongan voluntarios (se habla de unos 14). Italia se muestra dispuesta a acoger a un 10% de los desembarcados, mientras que Francia o Alemania podrían asumir un 25%.










Hacia la integración

El mayor reto serán los más de 600.000 migrantes en situación irregular

Todo es muy prematuro y sólo podría funcionar de manera provisional, a la espera de que la UE asuma actuar estructuralmente para evitar situaciones bochornosas como las que se han vivido este último año y medio. El investigador del ISPI Matteo Villa advierte que un sistema de cuotas no está exento de riesgos. “Cuando baje la confrontación y con un Gobierno italiano más moderado, veremos si los otros países querrán seguir”, avisa. Los países del Visegrado y los Bálticos jamás participarían en una iniciativa similar, y, además, esto abriría la puerta a que España y Grecia –que ahora mismo reciben muchas más llegadas– pudiesen reclamar la misma solución.

Por último, la gestión de las llegadas por mar, aunque ha sido tan mediática por las pataletas de Salvini, no es la más complicada que deberá afrontar Lamorgese. En realidad, las personas que han desembarcado en Italia tras ser rescatados por una oenegé sólo han sido 735 en lo que va de año. Otras 5.061 lo han hecho llegando directamente a Lampedusa, siendo socorridas por la guardia costera o por otras naves, pero sin hacer ruido mediático. Según los cálculos de Villa, ahora mismo hay más de 600.000 migrantes en situación irregular en Italia, y pese a existen acuerdos de repatriación con varios países africanos, muy pocas veces son efectivos. El nuevo Gobierno deberá hacer el esfuerzo de debatir una nueva ley de inmigración que permita avanzar en su integración. Y eso es mucho más difícil que decidir entre abrir o cerrar los puertos, y más para un Gobierno tan débil. El reto es enorme. Salvini estará esperando en pie de guerra.









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