Boris I, el efímero rey de Andorra

El Principado de Andorra tiene una de las formas de gobierno más peculiares del mundo. Se trata de un coprincipado parlamentario, cuya jefatura de Estado está compartida por dos copríncipes: el obispo de Urgell y el presidente de la República Francesa. La figura de los copríncipes se remonta a la lejana Edad Media, fechas en las que también se fraguó la soberanía de este microestado en el corazón de los Pirineos.

Pese a su singularidad, la fórmula del coprincipado se ha mantenido inalterable durante siglos, demostrando ser compatible hoy en día con una democracia parlamentaria. Sin embargo, los convulsos años 30 del siglo XX rompieron esta monótona estabilidad y el personaje que tuvo la culpa fue el ruso Boris Skósyrev, un individuo que logró nada menos que ser proclamado rey de Andorra -para ser exactos, príncipe- sin base histórica alguna y gracias sobre todo a sus promesas de modernización del país. Pese a que su aventura como soberano duró poco más de una semana, tuvo tiempo de decretar una Constitución, una amnistía general y una convocatoria de elecciones. Dispuso incluso de bandera propia y reinó bajo el título de Boris I.





El noble ruso tuvo apoyos en Andorra

El noble ruso, sentado en el centro e la imagen, contó con apoyos en Andorra

Archivo

Como suele ocurrir con este tipo de simpáticos embaucadores que nos da la historia, la biografía de Boris Skósyrev siempre ha estado envuelta de cierto romanticismo. Sin embargo, investigaciones de nuestro siglo han arrojado luz sobre un personaje muy curioso, que va más allá del episodio andorrano, y cuya trayectoria está ligada al agitado devenir de Europa en la primera mitad del siglo pasado.

Nacido en 1896 en Vilna -hoy capital de Lituania pero en aquel entonces, parte del Imperio ruso-, Skósyrev pertenecía a la baja aristocracia rusa y su familia era de tradición militar. De muy joven ya luchó en la Primera Guerra Mundial y la revolución de los bolcheviques en su país le sorprendió con apenas 21 años. Dada su posición, Boris tuvo que exiliarse y logró el asilo político de los británicos, con los que ya había colaborado durante la guerra. Al servicio de Su Majestad llevó a cabo tareas de espía, aunque es difícil determinar el alcance de esas misiones. Mientras que él siempre presumió de increíbles historias en aquellos años, los biógrafos asumen que buena parte eran falsas.



Biografía ajetreada

Antes de su irrupción en Andorra, Skósyrev tuvo que exiliarse de Rusia por la revolución y deambuló por Europa compaginando tareas de espía con pequeñas estafas

Sí que es cierto que en esos años 20 pasó por problemas financieros y está bien acreditado que cometió varios fraudes y estafas, especialmente durante su estancia en los Países Bajos. Es importante señalar que Skósyrev era un tipo culto, de formas refinadas y con buenos conocimientos de idiomas. Además, por qué no decirlo, era aficionado a los casinos y a compaginar amoríos incluso después de casarse, en esos años 20, con una mujer francesa. También contó con algunas buenas conexiones, aunque nada que ver con las patrañas que llegaría a contar a los ilusos andorranos en su futuro asalto al trono.

Tras instalarse sin suerte en distintos países, acabó recalando primero en la isla de Mallorca en 1932, y después en varios municipios catalanes (Sitges, Vilanova y Torredembarra), acompañado esta vez por su amante estadounidense, Florence Marmon. De ahí ambos se instalaron en Andorra un año después, en concreto en una casa que posteriormente se llamaría ‘La Casa dels Russos’ en Santa Coloma. Ese sería el cuartel general donde planearía su más célebre embuste.



La Casa dels Russos, lugar en Santa Coloma donde se instaló el aspirante a rey

La Casa dels Russos, lugar en Santa Coloma donde se instaló el aspirante a rey

Kippelboy

Skósyrev se encontró en Andorra con una situación ideal para desarrollar su plan. Con el noble ya paseándose por los valles pirenaicos, el país vivía una de las etapas más agitadas de su historia reciente. Lejos de la imagen que tenemos de país próspero de la actualidad, en Andorra apenas vivían unas 4.000 personas en muy malas condiciones. La economía, atrasada, se basaba en una ganadería escasa y un incipiente turismo; las comunicaciones e infraestructuras eran tercermundistas, por no hablar de una estructura social que mantenía las jerarquías feudales de antaño.

Con este panorama, en 1931 arrancaron una serie de huelgas de los trabajadores que construían la central hidroeléctrica FHASA, y que acabaron desencadenando una revuelta popular en 1933. No solo se reclamaban derechos laborales, sino también políticos: se trataba de democratizar el país. Sin embargo, la revuelta fue duramente sofocada por los copríncipes, y las reformas aún tendrían que esperar décadas. Ese fue el río revuelto en el que Skósyrev pudo pescar.



El contexto perfecto para reclamar el trono

Lejos de la prosperidad actual, Andorra era un país pobre y anclado en sus tradiciones; los años treinta trajeron huelgas y deseos de modernización y Boris supo aprovecharse

El caballero ruso tuvo suficiente con un año para ir ganándose apoyos en el país. Inseparable de su señorial monóculo, su don de gentes y sus fantasiosos argumentos convencieron a muchos andorranos. Se presentó como barón Skósyrev, contó que su familia tenía relación con los depuestos zares, que había estudiado en Oxford, que trabajó para la casa real neerlandesa (que lo había nombrado ‘conde de Orange’) y un sinfín de historias. Pero sobre todo basó sus supuestos derechos históricos al Principado en un vínculo inexistente con la alta nobleza francesa y los Borbones caídos tras la Revolución Francesa. Defendió a capa y espada que la República Francesa no tenía ningún derecho sobre Andorra y aseguró que contaba con el apoyo de Juan de Orleans, duque de Guisa y pretendiente al trono francés.

Prometió además lo imposible. A las clases dirigentes les vendió un proyecto de modernización que convertiría Andorra en otra Mónaco, repleta de casinos y hoteles de lujo. A los menos favorecidos les ofreció derechos sociales y políticos; en definitiva, el fin del régimen feudal. A todos, prosperidad e incontables riquezas. Así, el impostor consiguió pronto su propósito. Ya en diciembre de 1933 había logrado inexplicablemente obtener la nacionalidad andorrana, y no fue hasta el 17 de mayo del año siguiente que reclamó formalmente su derecho al trono ante el Consell General de les Valls. 

Ese primer intento no salió bien. No solo su pretensión fue rechazada, sino que el día 22 se decretó una orden de expulsión firmada por los dos delegados de los copríncipes. Skósyrev se dirigió a La Seu d’Urgell, donde se alojó en el Hotel Mundial. Desde ahí comenzó una nueva estrategia basada en conceder numerosas entrevistas a medios internacionales y atraer el máximo de atención posible organizando actos solemnes y pomposos.

Imagen del interior de la Casa de la Vall, lugar en el que se reunía el Consell Generals de les Valls,

Imagen del interior de la Casa de la Vall, lugar en el que se reunía el Consell General de les Valls,

Getty

Los hechos se precipitaron en julio. Boris siguió insistiendo ante los miembros del Consell de les Valls, el órgano medieval que seguía gobernando el país. Entre los días 8 y 10, el Consell acabó por ratificar hasta dos veces la decisión de aprobar el programa de reformas propuesto por el aspirante y, acto seguido, lo proclamó soberano de Andorra. Fue una decisión casi unánime, con un único voto en contra de los 24 consellers. El 9 de julio se proclamó la monarquía, se adoptó la Constitución que el propio Boris había estado redactando e incluso se aprobó la configuración de un nuevo Govern provisional.

A las autoridades francesas la situación no les pareció ni bien ni mal: apenas se pronunciaron. Francia dejaba así el futuro de Andorra en manos de las autoridades locales. En cambio, el copríncipe del otro lado de la frontera sí que tuvo mucho que decir. El único conseller que había votado en contra del cambio de régimen, el de la parroquia de Encamp, comunicó al obispo de Urgell, Justí Guitart, lo ocurrido en las sesiones de mediados de julio. El copríncipe montó en cólera y declaró en la prensa que la proclamación de Boris I era ilegítima. Éste, sin embargo, inició su reinado convocando las primeras elecciones democráticas para el 1 de agosto y, como respuesta a la declaración de Guitart, le declaró la guerra al obispo.

Julio de 1934

Una vez proclamado monarca, impulsó una constitución, decretó una amnistía, convocó elecciones y llegó a declarar la guerra al obispo de Urgell, quién ordenó su detención

Pero la aventura acabó abruptamente. El 21 de julio de 1934, dos agentes de la Guardia Civil detuvieron al monarca siguiendo las instrucciones del obispo de Urgell. Existen distintas versiones sobre si Boris fue detenido en Andorra o en la Seu. La más romántica sugiere que los agentes penetraron en otro estado soberano para proceder al arresto -lo que habría sido ilegal-; sin embargo, lo más probable es que Skósyrev nunca se moviera de la ciudad episcopal desde que se había exiliado en mayo.

Fue trasladado primero a Barcelona y, posteriormente, a la prisión Modelo de Madrid. Se le juzgó por la ley de Vagos y Maleantes y, al no cometer ningún delito en España, finalmente se optó por expulsarle del país. Su caso despertó un enorme interés en la prensa del momento, que se lo tomó como una historia más bien vodevilesca y, probablemente, no fuera para menos. Incluso llegó a las páginas del New York Times

En la crónica publicada en La Vanguardia en su edición del día 22 se dejaba claro que las autoridades no concedían “importancia alguna ni a la persona del detenido ni a los acontecimientos que anuncia”. Sin embargo, el preso ruso defendía ante policías y jueces no solo sus derechos dinásticos, sino que contaba con “gente contratada a buen precio” para hacer una “incursión bélica en el territorio de su fantástico principado”. No deja de ser significativo que la mayoría de documentación existente sobre el caso se limite a lo publicado en los periódicos. Ni rastro, pues, de textos oficiales de su ‘mandato’ en los archivos de Andorra. Eso explica en parte que no exista una versión única de los hechos.

Últimos años tras el episodio andorrano

Ya en España, fue juzgado por la ley de Vagos y Malentes y, finalmente, expulsado. Años después lucharía del lado de la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial 

Boris Skósyrev, ya detenido, a su llegada a Madrid

Boris Skósyrev, ya detenido, a su llegada a Madrid

EFE/Archivo

Sin embargo, la trayectoria personal de Boris Skósyrev no termina aquí, aunque sigue habiendo mucha confusión sobre su vida tras la aventura andorrana. Se sabe que siguió deambulando por varios países: Portugal, Gibraltar, norte de África y una breve vuelta a España, donde le sorprendió la Guerra Civil. De vuelta a Francia en 1939, fue arrestado al no disponer del pasaporte en regla, y enviado a un campo de concentración en Vernet, en la región de la Ariège, destinado a “extranjeros indeseables”. Allí, al parecer, compartió vicisitudes con exiliados republicanos y antifascistas italianos.

En 1942, los nazis le liberaron del campo francés y, supuestamente, sirvió para la Wehrmacht haciendo de nuevo labores de espionaje. Su pista se perdió en la Segunda Guerra Mundial y durante muchos años se le consideró muerto en la contienda. Sin embargo, las últimas investigaciones hallaron que no solo sobrevivió, sino que vivió en la Alemania Occidental hasta su muerte, en 1989. También se cree que había sido arrestado por estadounidenses y, posteriormente, por los soviéticos. Pero tampoco hay pruebas de ello. Y es que, como casi todo en la vida de este efímero rey, la frontera entre realidad y fantasía fue muy delgada.

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