Lluch, un legado vigente de diálogo y convivencia

Veinte años después, la memoria de Ernest Lluch permanece con toda la dignidad de quien defendió la libertad y la paz con la serenidad de los hombres decentes”, rememora José Luis Rodríguez Zapatero, que aquel 21 de noviembre del 2000, cuando ETA asesinó al exministro socialista en Barcelona, hacía apenas cuatro meses que era el nuevo líder del PSOE y que cuatro años después se convirtió en presidente del gobierno de España.

El presidente que, junto a su ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, fue acusado por la derecha de “traicionar a los muertos” por negociar con ETA, pero que impulsó la derrota definitiva de la banda terrorista hace ya casi diez años. Y que ahora, ante la polvareda política y mediática levantada por la disposición de EH Bildu a respaldar por vez primera unos presupuestos generales del Estado, defiende “la generosidad y grandeza” de la democracia. “Veinte años después, recordamos a Lluch en paz y recordamos su defensa del diálogo y la convivencia”, resalta Zapatero. “Y así honramos su ejemplar legado y nos sentimos muy cerca de su querida familia, de sus amigos y de nuestra historia”, concluye.






“Se jugó la vida al convertirse en un ‘político peligroso’ para los terroristas porque dialogó sin miedo”

“Ernest tenía muchas facetas”, recuerda a su vez José Montilla, que era entonces el primer secretario del PSC, antes de convertirse en ministro de Industria y, ya en el 2006, presidente de la Generalitat de Catalunya. “Destaca que fue pionero en la defensa del diálogo, la negociación y el pacto, esencia de la política democrática ayer como hoy”, apunta Montilla sobre la pervivencia del legado dialogante de Lluch, ahora que la derecha denuncia el “blanqueamiento” de la izquierda abertzale que atribuye a Pedro Sánchez. El propio Rubalcaba, fallecido el año pasado y que vio justificada toda su dilatada trayectoria política cuando, como siempre decía, “la democracia derrotó a ETA”, acuñó la frase que ahora se esgrime ante la disposición de la formación de Arnaldo Otegi al acuerdo: “Bombas o votos”.


La memoria de Lluch permanece con toda la dignidad de quien defendió la libertad y la paz”



“A ningún socialista nos gusta tener que pactar con Bildu, porque nos separa un abismo ético”, reconoce Patxi López, diputado en el Parlamento vasco cuando asesinaron a Lluch y que en el 2009 se convirtió en lehendakari del Gobierno vasco, cargo desde el que también asistió en primera fila a la derrota de ETA. “Pero hay momentos dramáticos en la historia de un país en que los que nos dedicamos a la política no estamos para cumplir nuestros gustos, sino nuestra obligación”, señala Patxi López, que también presidió el Congreso de los Diputados. “Y nuestra obligación hoy –subraya categórico– es tener unos presupuestos para salvar a la gente”.





Otro veterano socialista vasco, Ramón Jáuregui, tiene grabada en la memoria aquella admonición de Lluch a los que defendían la violencia: “¡Gritad, gritad, que mientras gritáis, no matáis!”. “Estas palabras de Ernest, defendiendo un acto público del PSE en el corazón de San Sebastián, expresan bien su pensamiento”, señala Jáuregui, que fue vicelehendakari en el gobierno de José Antonio Ardanza y ministro de la Presidencia con Zapatero. “No es difícil especular con su opinión si hoy viviera. Estaría encantado de la paz, de la maravillosa victoria de nuestra democracia sobre la violencia y de la participación en la política y en las instituciones de quienes la apoyaron”, asegura.


Fue pionero en la defensa del diálogo, la negociación y el pacto, esencia de la democracia ayer como hoy”



“La tristeza por su asesinato nos acompaña hoy por su aniversario –señala Jáuregui–, al recordar lo feliz que fue y que sería en su admirada Donostia”.

Precisamente el que era alcalde de San Sebastián cuando mataron al exministro de Sanidad en Barcelona y también cuando ETA expiró, el socialista Odón Elorza, resalta que Ernest Lluch “se jugó la vida al convertirse en un político peligroso para los terroristas”. “Peligroso porque desde el diálogo trataba de convencer a los sectores con más perfil político en el mundo de la izquierda abertzale –el entorno de ETA– de que en el autogobierno estaba la solución al conflicto y que el terrorismo ni ganaría a la democracia ni obtendría ventaja alguna”. Para ello, apunta, Lluch “investigó y estudió como intelectual, dialogó sin miedo con expertos y gentes muy diferentes del nacionalismo vasco y planteó una tesis sobre el constitucionalismo útil para dar una salida constitucional al conflicto vasco y para lograr la total deslegitimación del terrorismo ante su mundo radical”.





“Algunos de aquellos con los que buscó el diálogo hoy están al frente de Bildu haciendo política –zanja Elorza–. Y ETA reconoció en el 2011 su derrota sin condiciones”.





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