Armonizar España desde el independentismo

“Nos darían antes la independencia que un pacto fiscal”. Fue la reacción de un estrecho colaborador de Artur Mas tras la reunión en la Moncloa en septiembre del 2012 entre el entonces president y Mariano Rajoy. Rajoy dijo no, Mas convocó elecciones y el proceso independentista absorbió la política catalana… Pero ocho años dan para algunos aciertos y muchos errores, y el relato de los partidos del Govern ha acabado virando desde la consecución de la independencia como único objetivo político hasta convertirse, en el caso de ERC, en abanderados accidentales de la armonización fiscal a cuenta de la pugna entre PSOE y PP.





Sin borrar el objetivo final, la gestión del mientrastanto tiene difícil digestión entre el independentismo más radicalizado, pero en plena crisis sanitaria, económica y social, el café para todos no sabe tan mal si la alternativa es morir de sed.

Esa es la apuesta de ERC, y ese es el cambio de paradigma en la negociación de los
presupuestos del PSOE
: parte del independentismo vuelve al terreno de juego político en Madrid. Lo ha hecho ERC apuntalando la legislatura de Pedro Sánchez con su apoyo a las cuentas del próximo año, mientras Junts pretende convertir la irrelevancia de sus votos en Madrid en virtud independentista en Catalunya.


El verbo armonizar es un anatema en Catalunya, no para el resto de autonomías; Susana Díaz alzó la voz el 2017

El verbo armonizar es un anatema en la política catalana. Lo fue en los gobiernos de Jordi Pujol, en los tripartitos -se negoció el Estatut y un sistema de financiación de manera bilateral al que se sumaron el resto de comunidades-, y más aún con Mas, Puigdemont y Torra. Sí formaba parte del vocabulario del resto de comunidades, siempre al alza y contra la “Catalunya insolidaria”.

Hasta Francisco Camps se inventó una cláusula estatutaria por la que la Comunitat Valenciana podía aspirar a cualquier competencia que obtuviera otra comunidad autónoma con Catalunya en el punto de mira. En mayo, Mónica Oltra, que batalló contra aquel PP, apeló desde la vicepresidencia valenciana a la “cláusula Camps” parar reclamar más financiación durante la pandemia y armonizar recursos. El foco ya estaba sobre Madrid y Valencia se atrevió a abrir fuego.





No era la primera vez. Andalucía lo hizo en enero 2017 con Susana Díaz en la presidencia de la Junta y María Jesús Montero como consejera de Hacienda. Madrid había bajado los impuestos seis veces desde 2005, Catalunya se consolidaba como la autonomía con mayor carga impositiva y, además, ya estaba fuera de los órganos multilaterales como la conferencia de presidentes autonómica y el Consejo de Política Fiscal y Financiera.

Andreu Mas-Colell, saludado por Cristóbal Montoro, en presencia de la entonces consejera andaluza, María Jesús Montero, durante el último consejo de política fiscal y financiera del 2015
Andreu Mas-Colell, saludado por Cristóbal Montoro, en presencia de la entonces consejera andaluza, María Jesús Montero, durante el último consejo de política fiscal y financiera del 2015
(Emilia Gutiérrez)




El agravio madrileño viene de lejos y el PP lo contuvo desde la Moncloa con Cristóbal Montoro en Hacienda

Así que el agravio viene de lejos, no hablaba catalán, y era el PP quien lo contenía desde la Moncloa con Cristóbal Montoro pilotando Hacienda. En febrero del 2014, el informe de la Comisión de Expertos para la Reforma del Sistema Tributario Español -entre ellos el actual gobernador del Banco de España, Pablo Hernández Cos-, ya planteó eliminar el impuesto de patrimonio y armonizar sucesiones.





En julio del 2017 otro informe de la Comisión de expertos para la revisión del modelo de financiación autonómica, con Ángel de la Fuente, concluía que “sería deseable armonizar las bases imponibles y liquidables de los tributos cedidos total o parcialmente”, restringir la capacidad normativa autonómica e introducir topes de gravamen efectivo en patrimonio y sucesiones. Catalunya ni si quiera nombró representante en esa comisión. Se encomendó a la información de Guillem López-Casasnovas, propuesto por Baleares.Puigdemont y Junqueras se habían enfrentado por el impuesto de sucesiones y se conjuraban con el “referéndum o referéndum”.


La Generalitat pasa de reclamar un pacto fiscal a la armonización después de pasar por el 1-O

A la Comunidad de Madrid no se la tilda de “insolidaria”. “Madrid es España dentro de España”, proclama su presidenta, Isabel Díaz Ayuso, un paraíso (fiscal) patrio que el resto de comunidades, disciplina de partido al margen, ya no están dispuestas a tolerar.

Con la reforma de la financiación pendiente y los barones socialistas alineados, la ministra Montero puso el debate de la armonización fiscal sobre la mesa de negociación de los presupuestos y ERC recogió el guante dando más peso a la izquierda de la balanza que a la independencia. La designación del comité de expertos está empantanada entre Hacienda y la Moncloa y ahora Montero concede a ERC la propuesta de alguno de sus miembros.





El vicepresidente de la Generalitat, Pere Aragonès, y el portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, en rueda de prensa telemática presentando el pacto de presupuestos
El vicepresidente de la Generalitat, Pere Aragonès, y el portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, en rueda de prensa telemática presentando el pacto de presupuestos
(Servicio Ilustrado (Automático) / EP)



ERC se convierte en altavoz de la lucha contra el dumping fiscal
, aunque el acuerdo llegó a ser más explícito entre el PSOE y Cs el 2016 en su intento fallido de formar gobierno: comisión de expertos para una reforma fiscal, impuesto sobre grandes fortunas, y armonizar sucesiones y patrimonio “para acabar con la competencia en ambos impuestos por parte de las comunidades”.

Cs gobierna ahora en Madrid, vota contra el presupuesto y pide armonizar el concierto vasco. El PNV, irritado por el protagonismo de Bildu, se mantiene al margen, agarrado al comodín del veto sobre cualquier reforma fiscal que Sánchez le concedió a cambio de sus votos en la investidura. De lo que se trata es de apuntalar el debate para el próximo año, y sumar a Catalunya a las comunidades socialistas es el mejor arranque para Montero. Aunque la Generalitat pase de reclamar un pacto fiscal a la armonización, después de pasar por el 1-O.





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