Comercio y restauración viven un puente de fuertes contrastes

El centro de Barcelona, su comercio y su restauración, están sufriendo como el que más las restricciones de movilidad impuestas por las autoridades sanitarias. Los confinamientos municipales de viernes a lunes, que han dejado al borde de la bancarrota los negocios de muchos pueblos de Catalunya que viven del visitante de fin de semana, están impidiendo también a muchos establecimientos de Ciutat Vella y el Eixample compensar la caída de ventas sufrida como consecuencia de los cierres y las limitaciones de la actividad padecidos durante buena parte de este año.

Para que salgan los números, el centro de la capital catalana, que a pesar de todo en los últimos días ha experimentado una sensible mejora en su ritmo comercial, no solo precisa del turista internacional, sino también del cliente procedente del área metropolitana y del resto de Catalunya, sobre todo en campaña navideña.






No llueve a gusto de todos

Los confinamientos municipales alientan el comercio local en otras ciudades

La necesidad de abrir el abanico de clientes potenciales ha llevado a los comerciantes de Barcelona, de acuerdo con el Ayuntamiento, a modificar el calendario de festivos con apertura comercial que se había pactado hace un año. Hoy, domingo, día 6, estaba marcado en la hoja de diciembre como una día muy señalado. Sin embargo, las persianas permanecerán bajadas. El sector ha forzado un cambio de fechas para abrir el próximo festivo, martes, día 8, en el que, a diferencia de este domingo, Barcelona volverá a ser una ciudad abierta y podrá recibir libremente a personas de otros municipios. A esta modificación, anunciada por la Generalitat hace apenas tres días, se han sumado otros 41 municipios catalanes que, como en el caso de la capital, han echado cuentas y se han decidido por la mejor –o la menos mala– de las opciones.

Las restricciones de movilidad de los últimos fines de semana están propiciando situaciones inéditas hasta la fecha. No todo el mundo se ha visto perjudicado de la misma manera. Dejando de lado el cierre que ha dinamitado la campaña prenavideña a los centros comerciales –donde también hay pequeñas tiendas–, el establecimiento de fronteras municipales, permeables en la práctica pero mentalmente disuasorias, ha potenciado la carta de la proximidad. No es nada difícil encontrar ejemplos que confirmen la que es una percepción extendida: el gasto realizado con tarjetas de crédito en municipios metropolitanos sin grandes complejos comerciales, como Santa Coloma de Gramenet o Molins de Rei, dobla sobradamente el efectuado por estas mismas fechas del año pasado, según los datos aportados por la aplicación Pulso del Banc Sabadell.






Cambios en el calendario

Ciutat Vella y Eixample confían buena parte de la campaña navideña a la jornada del martes

Dentro de Barcelona, las diferencias también van por barrios. La gran afluencia de paseantes y compradores que se registraba en un eje comercial como el de Sant Andreu, que se nutre casi exclusivamente del cliente de proximidad, revela un cambio de hábitos que tiene mucho que ver con la reducción de kilometraje en nuestros desplazamientos que han provocado la pandemia y las estrategias para combatirla.





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